Las técnicas de identificación molecular comenzaron a emplearse en el Reino Unido en 1985 en el ámbito civil, con la resolución de un caso de migración, y dos años después en el fuero penal. En 1987 uno de los primeros casos en que el ADN sirvió para condenar fue el del homicida Colin Pitchfork, quien había violado y estrangulado a dos adolescentes de 15 años en Leicester, Inglaterra. Apenas cuatro años después, la Argentina ya contaba con el Servicio de Huellas Digitales Genéticas.


