El consumo de suplementos dietarios por la población adulta ha aumentado exponencialmente en los últimos años desde que irrumpieron en el mercado en la década de 1990. Si bien son percibidos en muchos casos como “medicamentos”, legalmente son clasificados como alimentos y, recién en los últimos años, en algunos países comienza a considerárselos como una clase separada de los productos farmacéuticos y de los alimenticios.


