La tuberculosis no puede ser considerada una enfermedad del pasado, ya que la emergencia de cepas resistentes a las drogas antituberculosas, la pandemia de SIDA y la pobreza, entre otros, han contribuido a un incremento en la morbimortalidad. Un grave problema hoy es que los fracasos en los programas de control, las fallas en la supervisión del tratamiento y el incumplimiento por parte de los pacientes han generado resistencia a las drogas de primera línea disponibles.


