A pesar de su lejanía y clima extremo, la Antártida, como el resto de nuestro planeta, está expuesta a la polución de origen antropogénico. Los principales contaminantes de esta apartada región son los hidrocarburos, derivados de los combustibles que se utilizan en las bases antárticas como fuente de energía. A pesar de las condiciones extremas de los ambientes antárticos, la biorremediación, esto es, el aprovechamiento de las capacidades catabólicas de los microorganismos nativos, es considerada la mejor opción para atenuar el efecto de los contaminantes sobre los suelos antárticos. El desafío es diseñar procesos sencillos, de bajo costo, amigables con el ambiente y, sobre todo, aptos para ser eficientes a temperaturas que sólo durante el verano superan el punto de congelamiento del agua.


